Ayer atravesé el viaducto de Madrid andando entre la niebla. Hacía mucho, mucho tiempo que no pasaba andando a esa hora temprana. Mis pasos retumbaban. A mi espalda resonaban los de otros peatones madrugadores. ¿Que recuerdos me trae esta situación?
Esta verdadera historia, cuyo recorte de periódico se encuentra entre otros recueros familiares, en algún cajón, en algún lugar de mi hogar....
Mi abuelo paterno fué alabardero del Rey Alfonso XIII. Alto y apuesto, como lo requería el perfil del cuerpo.
Por aquellas fechas, mis abuelos vivían en la travesía de las Vistillas. Mi abuelo cruzaba todos los días, muy de mañana, el antiguo viaducto, camino del palacio real donde trabajaba.
Mi abuelo tenía buen talante y aquella mañana estaba de especial buen humor. Con paso elástico empezó a caminar por el viaducto. Era invierno y había una densa niebla, pero eso no le iba a estropear la mañana. Silbaba por lo bajo una canción pegadiza.
A lo lejos comenzó a divisar un par de bultos; al acercarse más comprobó que eran dos personas que caminaban abrazadas, dando tumbos y enredandose con sus propios piés. Luego empezó a poder escuchar sus balbuceos. Dos borrachos,-pensó mi abuelo- que vuelven a casa a dormir después de la noche de juerga. Y yo, acabo de levantarme para ir a trabajar. !Cómo es la vida!
Una sonrisa se dibujó en su rostro. "Ahora veréis" se dijo. Y siguió caminando con soltura.
Cuando llegó frente a los dos caballeretes, levantó ambos brazos sujetando con las manos la capa blanca, una y otra vez, mientras de su garganta salía un sonido ahogado y tembloroso.......
El par de borrachos le miraron espantados y salieron corriendo mientras resoplablan: !!Un fantasma!! !!Un fantasma!! Mi abuelo acompañó su huida con una carcajada descomunal. Y muerto de risa continuó su camino hasta palacio.
Al día siguiente los periódicos publicaban una noticia: Fantasmas en el viaducto. Un par de atemorizados ciudadanos afirmaman haberse topado con un fantasma de gran tamaño, vestido de blanco, con una gran capa y voz de ultratumba. Prevenían a otras personas de esta terrible experiencia.
El fantasma, os lo aseguro, era mi bonachón abuelo.
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3 comments:
Es una historia preciosa, calida, gratificante, me hace ser nostálgico, a mi, me pasa lo mismo, mi abuelo paseaba por el puerto, yo ahora, cuando paseo por el sitio donde él paseaba, me vienen a la mente muchas de las cosas que me decía, le veo con mucha facilidad, casi como si estuviese ahí.
Un saludo
Cómo es que nunca me habías contado eso? Me ha encantado y me he reido mucho.
Y mira mi blog, a ver si me conoces, y te gusta.
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